[Segunda parte]
El cabreo le duró sólo un par de días, pero las consecuencias de mi decisión se alargaron un poco más. Su retorcida mente femenina decidió que no querer salir con ella significaba que no me gustaba, y empecé a recordar por qué me prometí olvidarme de las mujeres. En serio, ¿tan difícil era entender que no estaba preparado para una relación?
El tiempo consiguió enfriar un poco el tema. No estábamos bien, pero al menos ya no sentía puñaladas en mi espalda cada vez que alguien nos vacilaba con lo de ser novios. Parecía que ya no daba tanta importancia al hecho de estar saliendo o no, así que en un arrebato de sinceridad intenté aclarar las cosas.
- No puedo aguantar una relación ahora.
- Lo sé.
- Me gustas.
- Lo sé.
- ¿Entonces por qué estás enfadada?
- Porque te quiero.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Tampoco estaba preparado para eso. No, no lo estaba. Sentí un agobio enorme en ese mismo momento.
- ¿No estás yendo un poco rápido?
- ¿Rápido? Llevamos casi dos meses liándonos. ¿En serio crees que voy rápido?
- Bueno, en realidad llevamos casi mes y medio.
- ... Da igual.
- ¿Ves? Vas muy rápido.
- Pareces un crío.
- Pues tú no deberías pillarte tan rápido por alguien que acabas de conocer.
- ¿Pero qué dices?
- Lo que oyes. Lo siento si suena duro.
- Mira, me voy. ¡Madura!
Definitivamente no fue buena idea aclarar las cosas. Esta vez estuvo una semana sin dirigirme la palabra, una semana en la que la eché mucho de menos. Que no la quisiera no significa que no sintiera nada, pero yo era una persona que se agobiaba con facilidad. Por eso no quería relaciones. Por eso cuando ella me llamó para quedar y pedirme perdón supe que merecía la pena intentarlo, porque era ella la que tenía que perdonarme a mí.
- Puede, sólo puede, que tuvieras razón. Igual te estoy agobiando intentando construir algo donde está claro que aún no hay nada. Yo de verdad que quiero dejarte tu espacio, pero entiende tú también que yo tengo sentimientos, que hace poco que nos conocemos pero eso no quita que yo pueda sentir cosas y que esté confusa. No te creas que yo me voy pillando del primero que se cruza en mi camino. Yo no soy de esas, ¿eh? Pero... no sé. ¡Deja de sonreír así, que me pones nerviosa! Que... vale, si no quieres nada yo lo acepto, pero no quiero que sigamos sin hablarnos.
- Pero si yo he intentado llam...
- ¡No me interrumpas! - dijo ella, cortándome. - No quiero que sigamos sin hablarnos, pero si esto no va a ninguna parte igual es mejor dejarlo aquí y seguir como amigos. No sé. ¿Tú que opinas?
- Opino que eres tonta.
- Y tú gilipollas.
- ¿Quieres salir con este gilipollas?
Lo dije con toda la seguridad del mundo. Llevaba horas pensando en este momento y, sinceramente, frente a mi espejo era todo más romántico.
- ¿Qué quieres decir?
- Joder, ¡que si quieres salir conmigo!
- No sé.
- ¿Cómo que no sabes?
- Osea, sí. Sí quiero.
- ¡Aclárate!
- ¡Que sí, coño!
Se abalanzó sobre mí cogiéndome del cuello, directa a mis labios. Mentiría si dijera que no fue el beso más apasionado que me había dado hasta la fecha. Lento, intenso, eterno. No pude hacer otra cosa que poner mis manos sobre su cintura y disfrutar del momento. A día de hoy sigo sonriendo al recordarlo. La verdad es que nuestro primer año fue mágico, pero todo lo bueno acaba algún día.
[continuará]