martes, 16 de agosto de 2011

Tirado en la cama con la mirada perdida y la cabeza en otro mundo, así se encontraba nuestro protagonista. Sólo el leve pestañeo de sus ojos y su manía de respirar para mantenerse con vida nos permitía saber que estaba bien.

Llevaba tiempo enamorado de esa chica, tanto que ya no recuerda cuándo dejó de verla como una amiga más. A veces tenía la sensación de que a ella le pasaba lo mismo, pero no conseguía reunir el valor necesario para arriesgarse a luchar por lo que quería. O por lo menos no hasta ese día.

Se iba a hacer un máster a Londres. Era algo que llevaba deseando desde que empezó la carrera cuatro años antes y por fin iba a hacerse realidad. Él no dudó en felicitarle cuando se enteró de la noticia, aunque por dentro suplicara que en el último momento decidiera quedarse allí, junto a él. No podía pedirle que lo hiciera, era su sueño. Así que ahí seguía, tumbado de cualquier forma, debatiendo con su cabeza y su corazón si había llegado el momento de dar el paso o por el contrario debía dejar que fuera feliz lejos de sus brazos.

Tenía miedo, mucho miedo. El tren salía en media hora y habían quedado quince minutos antes para despedirse. Ella le hizo prometer que iría, que estaría allí para escuchar algo importante que tenía que saber antes de marcharse. No era una persona que fallara en sus promesas pero no se veía capaz de soportar verla subida a ese tren. No sabía qué hacer y el tiempo jugaba en su contra.

En un arrebato de última hora decidió ponerse lo primero que pillara del armario y salir a por la chica, su chica. Ya se lo estaba imaginando: ella en la puerta del tren esperando verle aparecer, sus ojos buscándole a lo lejos, él abriéndose paso entre la gente, acercándose a ella como puede hasta que, sin saber cómo, se acaban encontrando los dos, uno frente al otro, con las miradas clavadas diciéndose todo lo que sienten sin pronunciar una sola palabra, una sonrisa que indica que ella se queda y, por último, un beso que será aplaudido por todos los pasajeros del tren hasta que los dos salgan de ese lugar cogidos de la mano en busca de un futuro juntos. La verdad es que en su mente sonaba demasiado bien.

Y por fin llegó a la estación. Se dirigió hacia la vía donde esperaba el tren, corriendo entre la gente que se dirigía a la salida en sentido contrario al suyo hasta que por fin llegó. Todo era como lo había imaginado excepto que ella no estaba en la puerta sino dentro del tren, esperando sentada a que éste saliera hacia su destino mientras miraba el móvil que sostenían sus manos.

No entendió por qué pero se quedó clavado en el suelo. "Es su sueño" se repetía una y otra vez. Y así, inmóvil, presenció cómo daban la señal de salida, arrancaban los motores y aquel tren empezaba a alejarse con esa chica sin haber hecho nada por evitarlo.

Sete The Last

sábado, 6 de agosto de 2011

Historia inacabada

Era una noche fría de verano en aquella ciudad sin vida, otra noche más en la que aquel cuerpo moribundo deambulaba de un lado a otro sin rumbo, buscando algo que cada vez dudaba más que fuera capaz de encontrar. No sabía cómo había acabado así pero ahora le tocaba vivir con ello. ¿Algo temporal? Tal vez, sólo el destino lo sabía. Mientras tanto intentaba sobrevivir al paso del tiempo como podía, o por lo menos lo intentó hasta ese momento. Cuando cruzó aquella esquina su inexpresiva cara cambió...

martes, 2 de agosto de 2011

Era una noche perfecta para cualquier escritor bohemio que busque la inspiración en esas horas en las que se mezclan sueños y realidad. En la calle había un incómodo silencio sólo roto por el choque contra el suelo de unas gotas de lluvia fruto de una pequeña tormenta que daba ya su últimos coletazos. No había absolutamente nadie vagando por esas aceras grises y no era difícil entender por qué: demasiado pronto para los madrugadores, demasiado tarde para los que matan el tiempo bebiendo sin sed en bares de mala muerte intentando olvidar sus problemas. Al protagonista de nuestra historia no le habría importado hacer compañía a éstos últimos.

Allí estaba él, en una habitación oscura iluminada vagamente por un hilo de luz que penetraba por los agujeros de su persiana. ¿Cuánto llevaba tirado en esa cama? ¿Una hora? ¿Dos? Ni él mismo lo sabía, había perdido ya la cuenta de las vueltas que había dado. Incluso sospechaba haber descubierto alguna nueva postura para dormir, pero tendría que probarla otro día porque esa noche parecía destinado a pasarla en vela.

Los rasgos tristes que componían su cara en aquél momento podían adivinarse en la penumbra. Horas antes sonreía sin motivo, simplemente le apetecía, pero algo le había hecho perder las ganas de seguir haciéndolo. Se había dado cuenta de que ese momento que llevaba temiendo tanto tiempo había llegado ya, que no tenía sentido seguir con su vida tal y como la había planeado porque así no iba a ninguna parte.

Lo que se va a contar a continuación no es otra estúpida historia de amor ya que entre nuestros protagonistas nunca lo hubo, y a juzgar por los hechos nunca lo habrá. Probablemente nunca sintieron algo más que el cariño que dos amigos se pueden tener, por eso el hombre que vuelve a dar una vuelta en la cama, esta vez mirando hacia la pared, no entiende cuál es la causa de su insomnio. Tal vez sentía algo más de lo que reconocía. Quizás todo este tiempo ha estado engañándose para afrontar sin dolor la escena que le está tocando vivir. Por lo menos puede consolarse pensando que lo ha conseguido, que va a ser capaz de verla como amiga y tragarse todos los sueños que noche tras noche ha ido coleccionando gracias a ella. Será diferente, un nuevo reto a superar en su vida.

Igual que el destino la puso una vez en su camino tiempo atrás, ahora le ha hecho ver que lo que suponía que estaba bien en realidad era una situación forzada por las circunstancias, una casa de paja construida de la nada para evitar hacerse daño.

Suspira una vez más abrazando a su almohada con fuerza, recordando cómo empezó todo, el cúmulo de casualidades que le llevaron a hablar con ella. Pero no lo había conseguido. A pesar de todo no logró conquistarla. Puede que no fuera su hombre, sólo una víctima más del destino. Puede que simplemente no fuera el momento. Lo que sí sabía es que para él siempre, pase lo que pase, iba a ser ella. Y con este pensamiento en la cabeza por fin se quedó dormido, con la esperanza de que al despertar todo hubiera sido una triste pesadilla.

Sete The Last