jueves, 17 de noviembre de 2011

17/11/2011 - Parte 1/2

No soy muy dado a hablar sobre mi vida. Creo que todos tenemos una historia que contar y para nosotros siempre será única, especial, incomparable a cualquiera de las que nos cuenten los demás: el primer beso, la primera entrevista de trabajo, el primer amor, el primer coche, la primera pelea contra el matón del barrio, ... Son momentos que se quedan grabados a fuego en toda esa maraña de neuronas que pulula por nuestra cabeza. Momentos como el que he vivido esta mañana.

Desde el primer instante sabía que no las tenía todas conmigo. No es normal llamar amiga a una persona que lo es todo para ti. O sí, no sé. Dicen que las parejas son en realidad relaciones de amigos con derecho a roce: sin amistad no hay pareja y sin roce... bueno, sin roce hay algunos que pueden sobrevivir. El caso es que ella era algo más que una simple amiga. Bueno, realmente no sé qué era para mí. ¿Quién no ha sufrido esas largas noches de discusión mental entre arriesgar el todo por el todo o conformarse con poder seguir hablando con ella? Sinceramente, yo no quería ser otro más de la larga lista de personas que en su lecho de muerte se arrepiente de no haber tenido el valor de lanzarse cuando tuvo la oportunidad.

Esa tarde, aprovechando que era martes y 13 y la suerte me acompañaba, le propuse ir a ver "Noche de miedo" a mi casa. Sabía que odiaba las películas de miedo, pero también había comprobado que en el fondo le gustaba esconderse entre mis brazos cada vez que se avecinaba una escena sangrienta.

Y allí estábamos, sentados en mi sofá, robándonos palomitas el uno al otro y prometiéndonos que sería la última vez que le llevaría a ver una peli de esas. "La próxima tiene que ser una de Crepúsculo, ¡me lo merezco!", exigía mientras yo me reía y le tiraba palomitas apuntando directamente a su ojo derecho, el de la raya verde en el borde inferior de su iris. La verdad es que estaba preciosa. Siempre me habían gustado los tirabuzones en el pelo de una mujer, pero tenía que reconocer que a ella le quedaban especialmente bien. Además, su larga melena morena se fundía a la perfección con su camiseta negra, que al tener un hombro descubierto le permitía lucir la clave de sol que tenía tatuada en él.

Cuando quise darme cuenta ya estábamos en mitad de la película. Como era costumbre, ella ya llevaba un rato apretando mi mano con fuerza y, ahora que empezaba la caza de vampiros, no tardaría mucho en pedirme que apagara la tele para poder dormir esa noche. Por una vez quise rebelarme contra la rutina. Mientras Charlie, el protagonista, veía cómo una mujer moría a manos de su vecino, ella ya tenía su cabeza en mi pecho, intentando mirar a través de los dedos de mis manos mientras me suplicaba que no le dejara hacerlo. Le hice caso, de verdad que lo hice, hasta que la peli estaba a punto de acabar y cometí el error de apartar mis manos en el mismo momento en el que el vampiro se intentaba cargar a Charlie. Ese momento, ese en concreto, es uno de los que se grabaron a fuego en mi memoria.

No pude evitar soltar una carcajada ante el grito que pegó al ver esa escena. Ninguno de vosotros podría haberlo evitado. Empezó a darme golpes en el pecho mientras yo seguía riéndome al mismo tiempo que intentaba esquivar sus guantazos. Creédme, era difícil acertar a hacer ambas cosas a la vez. Cuando por fin se cansó de pegarme empezó a mirarme fijamente, como esperando a que le pidiera perdón. Agaché un instante la cabeza y acerqué mi cara hacia ella para decírselo al oído pero, en lugar de eso, ¿sabéis lo que hice? Nada, absolutamente nada. Me quedé a medio camino entre su cara y su oído, y en dicha situación no tuve más remedio que dejarme llevar por mis instintos más primarios y besarla. Un escalofrío recorrió mi cuerpo de arriba a abajo mientras nuestros labios se tocaban. La rodee con mis brazos para acercarla más a mí. Ella no opuso mucha resistencia, de hecho parecía que lo estuviera deseando tanto o más que yo, hasta que, sin ningún motivo aparente, despegó sus labios de los míos, clavó sus ojos en mí y me dijo que tenía que irse sin darme tiempo siquiera a, ahora sí, pedir perdón.

Pocas veces he contado lo que pasó ese día, de hecho diría que hasta ahora sólo lo sabían 2 o 3 amigos que coincidieron en decirme que fue mala suerte, que en los cuentos no siempre hay un final feliz. En cambio yo me negaba a creer que todo fuera a volver a la normalidad, que fingiríamos que ese día no pasó nada y seguiríamos siendo amigos. Me negaba a creerlo básicamente porque no habíamos vuelto a hablar desde entonces. O por lo menos me negaba hasta esta mañana.

Sete The Last

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El impacto de una gota de agua en su frente le hizo despertarse sobresaltado. Estaba tirado en medio de una habitación oscura donde la única luz que entraba era la que se colaba por los bajos de la puerta que daba a la salida. Tras unos instantes de confusión se percató de que algo le impedía mover sus piernas. La ansiedad se apoderó de él y empezó a agitarse intentando desprenderse de aquello que le mantenía preso mientras gritaba despavorido. De pronto, la puerta se abrió.
- ¡Vaya! Ya te has despertado. Pensaba que esta noche sería tranquila...

Era un hombre alto y fuerte, sin ningún pelo a la vista salvo el de sus cejas y con una ajustada camiseta negra que reforzaba el miedo a ser golpeado por sus desproporcionados brazos. La masa muscular que se escondía tras ella llegaba a ser antiestética pero no parecía importarle a juzgar por la sonrisa enigmática que se dibujaba en su cara.
- ¿Sabes por qué estás aquí? - preguntó mientras se acercaba lentamente, marcando los pasos con sus impecables botas militares.
- ¿Quién eres? - acertó a decir balbuceando.
- No, la pregunta es quién eres tú.
Tras unos segundos de silencio se dirigió de nuevo hacia la puerta.
- No te preocupes, acabarás contándonos todo. Por las buenas, o por las malas - amenazó, acentuando las últimas palabras con un sonoro portazo.

La confusión era ahora más grande si podía. No sabía qué hacía allí pero las palabras de aquel matón indicaban que esa habitación no era el mejor lugar para pasar la noche. Intentaba recordar qué era lo último que había hecho pero un intenso dolor de cabeza le impedía pensar con claridad. Se llevó las manos a la cara para frotarse los ojos y entonces notó que tenía una pequeña brecha en el pómulo derecho. Seguía intentando hacer memoria para descubrir qué había pasado cuando la puerta volvió a abrirse. Esta vez entró por ella una mujer pelirroja totalmente vestida de negro que portaba en sus manos una bandeja con un poco de comida y un vaso de agua.
- No te comas todo ahora, deja algo para mañana si no quieres morir de hambre - le aconsejo mientras dejaba la bandeja en el suelo.
- ¿Qué hago aquí? ¿Por qué me tenéis encadenado? - preguntó tratando de encontrar respuestas. Pero no era su día de suerte.
- ¡Calla! Sabías lo que pasaría si volvías por aquí. Es tu vida o la mía.
Se acercó a él para darle un beso en la mejilla pero paró en seco al ver la herida de su pómulo. 
- Lo siento - le susurró al oído. Después de volver a mirar la brecha de su rostro se dio la vuelta encerrándole de nuevo en la más completa oscuridad.

Cada vez entendía menos de esta historia. La cara de esa chica no le sonaba en absoluto y sin embargo ella parecía conocerle bien. Pensar no le servía de nada, sólo aumentaba su dolor de cabeza. Finalmente el sueño le venció sin que hubiera llegado a probar bocado.

Una bofetada le hizo despertar bruscamente mientras alguien se reía a lo lejos. Ya no se encontraba en aquella habitación oscura, ahora estaba rodeado de focos que le apuntaban directamente a la cara, cegándole completamente. Sin embargo, al lado de uno de ellos pudo identificar al calvo que le amenazó el día anterior. Si ese matón le daba miedo, el hombre que tenía delante y que le había propinado la bofetada no era menos.
- ¿Ya se ha despertado la princesita? - le preguntó en tono burlesco. - No hemos dormido en toda la noche para poder prepararte el desayuno. ¿Quieres una tortita? - siguió ironizando para después propinarle una segunda bofetada, ésta aún más fuerte que la primera. - Ha llegado tu hora. Más te vale portarte bien porque hoy no tengo un buen día.

Sete The Last

domingo, 30 de octubre de 2011

La abertura de su tienda de campaña se abrió de par en par dejando pasar el frío de la mañana y los primeros rayos de sol.

- Es la hora - susurró una persona de barbas canosas mientras clavaba su mirada en él. Un fuerte suspiro sirvió como respuesta.

Miró fijamente su espada, colocada cuidadosamente junto a sus vestiduras. Aún recordaba el momento en el que su padre se la regaló años antes.

Era una tranquila tarde de verano. Como cada día, volvía cansado de jugar con el hijo del panadero. Las horas se pasaban volando mientras competían por ver quién era mejor luchando con las maltrechas espadas de madera que el carpintero les había regalado por navidades.

Su padre siempre había tenido la ilusión de que el pequeño espadachín llegara a ser un gran soldado, de verle convertido en todo lo que él no pudo ser por culpa de su maldita rodilla. Así que esa tarde, aprovechando que cumplía 10 años, empezó a construir su leyenda.

Llegaba buscando un poco de comida, pero algo dentro de ese taller llamó su atención.

- Hijo, ¿has visto a los soldados que han pasado esta mañana por aquí? ¿Te has fijado en las espadas que llevaban? - preguntó mientras él seguía fascinado por la belleza de ese objeto. - ¡Tiberio! ¿Me escuchas?

Asintió con la cabeza sin saber muy bien a qué estaba contestando mientras seguía mirando aquello.

- Todas las semanas hago espadas como las que ellos empuñaban. Basta con entrar a cualquier taberna de esta aldea para ver decenas de ellas, todas exactamente iguales. En cambio esa... esa te ha llamado la atención, ¿verdad? Llevo meses trabajando en ella, colocando cada piedra preciosa en la empuñadura como si el mismísimo emperador me la hubiera encargado personalmente. Sólo puedo decirte que la uses bien. Haz que algún día me sienta orgulloso de este momento.

Aún recuerda lo mucho que le pesó la primera vez que la cogió con sus propias manos. También las veces que pensó que no valía para eso, pero su padre siempre estaba ahí para decirle que lo intentara una vez más, y siempre lo intentaba.

Una noche todo su mundo se vino abajo cuando, después de estar practicando con el hijo del panadero, encontró el taller destrozado. Las armaduras, los escudos, las espadas, ... todo estaba tirado por el suelo. Su padre no aparecía por ninguna parte y nadie sabía qué había pasado. Lo único que pudieron hacer por él fue acogerle hasta que alcanzó la edad mínima para servir como soldado y ganarse la vida con ello.

Tras muchos años de sacrificio y entrenamiento había conseguido llegar a lo más alto. Y ahí estaba, a punto de adentrarse en una de las batallas más duras e importantes que había vivido nunca. Una victoria aquí supondría el salto definitivo a las altas esferas, codearse con los más grandes, cumplir el sueño que un día tuvo su padre.

Mientras los soldados mantenían la concentración en silencio, los bárbaros escondidos al otro lado del bosque gritaban y golpeaban sus armas contra el suelo intentando que el miedo a morir fuera más poderoso que el deseo de gloria que invadía a Tiberio y sus iguales.

Sus caras manchadas se diferenciaban ya entre los árboles, la lucha por la supervivencia había comenzado. Corrían cuesta abajo como alma que llevara el diablo, alzando sus hachas mientras se acercaban cada vez más. Tiberio ya tenía sus ojos clavados en uno de ellos. Era un hombre alto pero fuerte, de larga cabellera y barba descuidada. Él también se había fijado en Tiberio e iba directo hacia su posición. Para ambos era como si la contienda se centrara sólo en ellos dos.

Los bárbaros habían llegado ya y las muertes se empezaban a suceder en la línea de contención, donde los romanos habían intentado frenar la ofensiva con sus escudos. Dada ya la orden de avanzar, Tiberio levantó su espada y se dirigió hacia el bárbaro al que había estado observando. Estaban ya el uno frente al otro con las armas en alto. Y entonces pasó.

Sete The Last

martes, 25 de octubre de 2011

Tema que ha servido de inspiración para escribir este relato.


El invierno estaba llegando y tenía los huesos empapados de frío. Las tres mantas y su viejo edredón nórdico no eran capaces de calentar aquel cuerpo que pedía a gritos un poco de calor humano, de su calor humano. Había desaparecido de la noche a la mañana sin darle la oportunidad de despedirse, sin dejar que se acostumbrara poco a poco a vivir sin ella. Aún se podía respirar su olor entre las sábanas, volviendo por un instante a esas noches en las que su risa rompía el cómodo silencio en el que se refugiaban los vecinos para conseguir dormir, aunque para ellos dos la noche siempre era joven.

Desde esa ventana habían visto amanecer muchas veces, pero nunca eran suficientes. Siempre pedían una más, otra noche de miradas cómplices que terminaba al sonar el despertador para seguir la rutina de ir a trabajar sin haber descansado apenas. Ahora contemplaba la salida del sol en soledad, esperando a que sonara el despertador que le servía como excusa para poder abandonar esa cama que le traía tantos recuerdos, quizás demasiados. Recuerdos que no le dejaban dormir, recuerdos que le hacían pensar en todas las ocasiones que pudo ser feliz junto a ella, recuerdos que sólo vivió en sueños.

Sus ojos se abrieron de par en par con el sonido de una llave penetrando en la cerradura de su puerta. Unos tacones se acercaban poco a poco hacia su habitación, caminando con cuidado de hacer el menor ruido posible. La poca luz que se colaba por los agujeros de su persiana le permitieron volver a ver ese cabello ondulado atravesando la puerta de su cuarto mientras ella intentaba no tropezarse con las zapatillas que él iba dejando tiradas a lo largo de la habitación. Siempre había sido así de desordenado. Es algo que ella nunca pudo cambiar, aunque en el fondo le gustaba escapar de su mundo perfecto sabiendo que él estaba a su lado.

Notó cómo el ritmo de sus latidos aumentaba sin parar mientras ella avanzaba poco a poco hacia él.
- ¿Estás despierto? - le susurró al oído, provocándole un escalofrío al volver a escuchar esa cálida voz tan cerca de él. Sin embargo no pudo responder. No hizo falta.

Se quitó las botas para desvestirse y ocupar el hueco libre de una cama que había empezado a echarla de menos. Volvían a estar bajo el mismo techo, cubriéndose con las mismas mantas. Se miraban en silencio, sin cruzar una sola palabra. Sus ojos ya se estaban diciendo demasiado. Sin pensarlo demasiado colocó una mano sobre su cintura y la trajo hacia él. Ella le rozaba las mejillas con sus dedos para recordar lo suave que era su cara cuando se afeitaba.

Poco a poco fueron acercando sus caras mientras sentían la respiración del otro en sus propios rostros. Les separan escasos centímetros. Ambos cerraron los ojos en un acto reflejo y siguieron acercándose hasta que sus labios casi se tocaron. Estaban en lo más alto de una montaña rusa que ellos mismos habían construido, sólo tenían que dar un último paso que parecía que nunca llegaba. Pero lo hizo.

En esa cama se vivió un beso lento, intenso, eterno. Un beso que consiguió parar el tiempo y que los dos cuerpos que en ese momento estaban fusionados en uno sobre aquella cama no se dieran cuenta de que los primeros rayos de sol se estaban colando ya en esa habitación. Y como todas las mañana a esa misma hora, el despertador sonó.

Con los ojos todavía cerrados, estiró su brazo tanto como pudo para coger el móvil y apagar esa melodía que estaba taladrando sus oídos. Eran las 7:30 de otro lunes que marcaba el inicio de una nueva semana. No pudo evitar sonreír mientras abría sus ojos para empezar el día viendo la cosa más hermosa que había conocido nunca, pero su sonrisa se apagó al contemplar su cama vacía, como cada amanecer desde que el destino apartó a esa chica de su vida. Sin tiempo a reaccionar, se dio media vuelta y cerró los ojos esperando quedarse dormido de nuevo, deseando volver al sueño en el que ella aún seguía allí con él para poder darle un último beso.

jueves, 6 de octubre de 2011


Ahora sí, capítulo cerrado. Y ya estoy escribiendo el siguiente...

domingo, 18 de septiembre de 2011


Hoy se cierra uno de los capítulos más importantes de mi vida. Para bien o para mal.

martes, 16 de agosto de 2011

Tirado en la cama con la mirada perdida y la cabeza en otro mundo, así se encontraba nuestro protagonista. Sólo el leve pestañeo de sus ojos y su manía de respirar para mantenerse con vida nos permitía saber que estaba bien.

Llevaba tiempo enamorado de esa chica, tanto que ya no recuerda cuándo dejó de verla como una amiga más. A veces tenía la sensación de que a ella le pasaba lo mismo, pero no conseguía reunir el valor necesario para arriesgarse a luchar por lo que quería. O por lo menos no hasta ese día.

Se iba a hacer un máster a Londres. Era algo que llevaba deseando desde que empezó la carrera cuatro años antes y por fin iba a hacerse realidad. Él no dudó en felicitarle cuando se enteró de la noticia, aunque por dentro suplicara que en el último momento decidiera quedarse allí, junto a él. No podía pedirle que lo hiciera, era su sueño. Así que ahí seguía, tumbado de cualquier forma, debatiendo con su cabeza y su corazón si había llegado el momento de dar el paso o por el contrario debía dejar que fuera feliz lejos de sus brazos.

Tenía miedo, mucho miedo. El tren salía en media hora y habían quedado quince minutos antes para despedirse. Ella le hizo prometer que iría, que estaría allí para escuchar algo importante que tenía que saber antes de marcharse. No era una persona que fallara en sus promesas pero no se veía capaz de soportar verla subida a ese tren. No sabía qué hacer y el tiempo jugaba en su contra.

En un arrebato de última hora decidió ponerse lo primero que pillara del armario y salir a por la chica, su chica. Ya se lo estaba imaginando: ella en la puerta del tren esperando verle aparecer, sus ojos buscándole a lo lejos, él abriéndose paso entre la gente, acercándose a ella como puede hasta que, sin saber cómo, se acaban encontrando los dos, uno frente al otro, con las miradas clavadas diciéndose todo lo que sienten sin pronunciar una sola palabra, una sonrisa que indica que ella se queda y, por último, un beso que será aplaudido por todos los pasajeros del tren hasta que los dos salgan de ese lugar cogidos de la mano en busca de un futuro juntos. La verdad es que en su mente sonaba demasiado bien.

Y por fin llegó a la estación. Se dirigió hacia la vía donde esperaba el tren, corriendo entre la gente que se dirigía a la salida en sentido contrario al suyo hasta que por fin llegó. Todo era como lo había imaginado excepto que ella no estaba en la puerta sino dentro del tren, esperando sentada a que éste saliera hacia su destino mientras miraba el móvil que sostenían sus manos.

No entendió por qué pero se quedó clavado en el suelo. "Es su sueño" se repetía una y otra vez. Y así, inmóvil, presenció cómo daban la señal de salida, arrancaban los motores y aquel tren empezaba a alejarse con esa chica sin haber hecho nada por evitarlo.

Sete The Last

sábado, 6 de agosto de 2011

Historia inacabada

Era una noche fría de verano en aquella ciudad sin vida, otra noche más en la que aquel cuerpo moribundo deambulaba de un lado a otro sin rumbo, buscando algo que cada vez dudaba más que fuera capaz de encontrar. No sabía cómo había acabado así pero ahora le tocaba vivir con ello. ¿Algo temporal? Tal vez, sólo el destino lo sabía. Mientras tanto intentaba sobrevivir al paso del tiempo como podía, o por lo menos lo intentó hasta ese momento. Cuando cruzó aquella esquina su inexpresiva cara cambió...

martes, 2 de agosto de 2011

Era una noche perfecta para cualquier escritor bohemio que busque la inspiración en esas horas en las que se mezclan sueños y realidad. En la calle había un incómodo silencio sólo roto por el choque contra el suelo de unas gotas de lluvia fruto de una pequeña tormenta que daba ya su últimos coletazos. No había absolutamente nadie vagando por esas aceras grises y no era difícil entender por qué: demasiado pronto para los madrugadores, demasiado tarde para los que matan el tiempo bebiendo sin sed en bares de mala muerte intentando olvidar sus problemas. Al protagonista de nuestra historia no le habría importado hacer compañía a éstos últimos.

Allí estaba él, en una habitación oscura iluminada vagamente por un hilo de luz que penetraba por los agujeros de su persiana. ¿Cuánto llevaba tirado en esa cama? ¿Una hora? ¿Dos? Ni él mismo lo sabía, había perdido ya la cuenta de las vueltas que había dado. Incluso sospechaba haber descubierto alguna nueva postura para dormir, pero tendría que probarla otro día porque esa noche parecía destinado a pasarla en vela.

Los rasgos tristes que componían su cara en aquél momento podían adivinarse en la penumbra. Horas antes sonreía sin motivo, simplemente le apetecía, pero algo le había hecho perder las ganas de seguir haciéndolo. Se había dado cuenta de que ese momento que llevaba temiendo tanto tiempo había llegado ya, que no tenía sentido seguir con su vida tal y como la había planeado porque así no iba a ninguna parte.

Lo que se va a contar a continuación no es otra estúpida historia de amor ya que entre nuestros protagonistas nunca lo hubo, y a juzgar por los hechos nunca lo habrá. Probablemente nunca sintieron algo más que el cariño que dos amigos se pueden tener, por eso el hombre que vuelve a dar una vuelta en la cama, esta vez mirando hacia la pared, no entiende cuál es la causa de su insomnio. Tal vez sentía algo más de lo que reconocía. Quizás todo este tiempo ha estado engañándose para afrontar sin dolor la escena que le está tocando vivir. Por lo menos puede consolarse pensando que lo ha conseguido, que va a ser capaz de verla como amiga y tragarse todos los sueños que noche tras noche ha ido coleccionando gracias a ella. Será diferente, un nuevo reto a superar en su vida.

Igual que el destino la puso una vez en su camino tiempo atrás, ahora le ha hecho ver que lo que suponía que estaba bien en realidad era una situación forzada por las circunstancias, una casa de paja construida de la nada para evitar hacerse daño.

Suspira una vez más abrazando a su almohada con fuerza, recordando cómo empezó todo, el cúmulo de casualidades que le llevaron a hablar con ella. Pero no lo había conseguido. A pesar de todo no logró conquistarla. Puede que no fuera su hombre, sólo una víctima más del destino. Puede que simplemente no fuera el momento. Lo que sí sabía es que para él siempre, pase lo que pase, iba a ser ella. Y con este pensamiento en la cabeza por fin se quedó dormido, con la esperanza de que al despertar todo hubiera sido una triste pesadilla.

Sete The Last

jueves, 21 de julio de 2011



¿Sabéis ese instinto homicida que te entra cuando se te juntan todos los problemas, estás rayado a más no poder y sólo necesitas una insignificante chispa para explotar y pagarlo con el que menos culpa tiene?

lunes, 18 de julio de 2011



Y yo también me canso, me canso de buscarte, de seguirte sin motivo hacia ninguna parte.

Mi decisión - Veronika la Ruby feat Sete The Last

domingo, 10 de julio de 2011

La isla. Introducción

Es paradójico que una persona sea capaz de escuchar el silencio. Tan paradójico como imposible, o eso pensaba él. Llevaba horas sentado en aquella playa que tanto añoraba intentando conseguirlo pero esa estúpida brisa no le dejaba. No quería que parara, le servía para desconectar y relajarse, justo lo que necesitaba. Todo sería más fácil sin esos recuerdos, todavía tenía pesadillas por su culpa, por esos gritos, esa gente saltando sin saber lo que se avecinaba, esas gotas cayendo desde el techo. Prometió que sería su último concierto sin imaginar que fuera a acabar así. Nunca debió haberse metido en ese mundo.

Resopla cansado de no hacer nada, de pensar en no pensar, de ver pasar el tiempo esperando que la muerte venga a buscarle. O tal vez ella, aunque para el caso le daba igual. Hay noches en que se despierta con su voz, escuchando su nombre a lo lejos para sentirse aún más solo de lo que está. ¿Que si ha pensado en el suicidio? No deja de hacerlo. Esa tortura hace que esté muriendo en vida, no tiene lágrimas ya para callar tanto dolor. ¿Cuántas noches se reía de ella entre cerveza y cerveza? Y sin embargo ahora el alcohol no puede eliminar ese sentimiento de culpabilidad. Si esa tarde no hubieran discutido nada de eso habría pasado, pero ya es tarde para cambiarlo.

Los últimos rayos de sol han desaparecido hace ya horas y el viento frío revuelve su rubia melena. Él no se inmuta, se limita a mirar al infinito pensando en Dios sabe qué, buscando respuestas a preguntas que no quiere hacerse. Un inesperado pitido hace que vuelva al mundo real. ¿Su móvil? Pero, ¿quién le iba a llamar ahora? ¿Quién iba a hacerlo alguna vez después de todo lo que pasó? Se levanta como puede tropezándose consigo mismo y empieza a correr como alma que lleva el diablo hacia su cabaña. Vacía la maleta encima de la cama buscando su Motorola plateado, que cae al suelo quedando semienterrado entre la arena. Al cogerlo mira fijamente la pantalla hasta que se apaga. Permanece inmóvil, aún con la mirada clavada en esa pantalla negra. De pronto rompe a llorar.

La agenda de su viejo e770 le había recordado que hoy era su cumpleaños, hoy esa morena de 1,70 hacía 28 años, hoy debían estar viajando rumbo a Nueva York para pasar dos semanas inolvidables, hoy estaba él solo en una isla apartada del mundo que le rodea sin saber qué hacer.

jueves, 19 de mayo de 2011

Carta para una chica

Antes de que alguien lea esto es mi deber decir que lo que voy a escribir a continuación iba a ser algo entre el apartado de notas de mi agenda del curso 2009-2010 y yo. Nunca se me ha dado bien pensar, no soy una persona que tenga la cabeza amueblada. Me paso el día intentando hacerlo pero a la hora de la verdad me dejo llevar por mis impulsos. Normalmente el protocolo es decirle a una de las personas en quién más confío, llamémosle "lobo", que se prepare para leer un tochazo, y a partir de ahí soltar todo lo que pienso sin ningún criterio y de forma totalmente anárquica para que ordene mis ideas como quien recibe diez puzzles mezclados de 1000 piezas cada uno y se propone acabarlos antes de que se haga de noche. Hoy lo he intentado pero no he sabido qué decirle, me he dado cuenta de que esta vez tenía que hacerlo yo porque influyen demasiados factores difíciles de valorar por otra persona. Así que nada, he cogido un boli y la primera agenda que he visto y he asumido el reto. A los 2 minutos ya había dejado la primera hoja inservible. Yo y mi manía de pintar líneas que no significan nada. Me lo he querido tomar en serio y he empezado a escribir todo lo que me preocupa, pero no ha dado resultado así que he pasado a redactar una carta con lo que quería decir. Después de media hoja escrita  he pensado coger el portátil y escribirlo en el blog. No sé, un impulso de esos que me dan. Tal vez no llegue a terminar esta entrada. Si lo hago no estoy seguro de que la vaya a publicar, sólo hay que ver lo poco que me está preocupando hacer una introducción de 20 líneas (según el borrador), y si finalmente la hago pública tampoco estoy seguro de que la persona a la que va dirigida la acabe leyendo. Sinceramente, no sé ni siquiera si quiero que la lea, pero bueno, creo es hora de empezar.

Nota: finalmente no haré pública la carta pero dejo la introducción, que me ha molado.

Sete The Last

martes, 26 de abril de 2011

Ella

Ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que me entró esa necesidad de sacar algo fuera, exactamente 2 meses y una semana. La verdad es que no sé como empezar, pero tengo demasiadas cosas en la cabeza y creo que esta es una buena forma de ordenarlas para que me dejen estudiar, que es lo que debería estar haciendo desde hace 3 horas. 

Últimamente soy como una puta montaña rusa: ayer estaba eufórico y hoy planeando matar a alguien. ¿La causa? Una chica. Desde que la conozco mi vida se ha vuelto un poco más fácil y al mismo tiempo complicada. Es todo un reto saber que quieres algo con todas tus fuerzas y no poder gritárselo al mundo porque no lo tienes. También es difícil entender cómo puedo pensar que es exactamente lo que busco en una chica prácticamente desde el primer día que hablamos más de 5 minutos seguidos, pero para qué engañarnos: en esta historia no hay nada normal, y creo que es por eso por lo que me está gustando tanto vivirla.

Hay veces que mi estado de ánimo cambia tan radicalmente por su culpa que me da por pensar si realmente gano algo estando así. Tiene cosas que hacen que me raye y acabe reventando de tanto pensar, cosas que me desgastan hasta el punto de necesitar perder un día entero escuchando música para replantearme si esto es lo que quiero, pero a pesar de todo merece la pena. Sé que todo sería inmensamente más fácil si fuera otra... pero sería otra. No ha sido un flechazo ni le he visto algo que me diga que es ella, no ha hecho falta. El sólo hecho de saber cómo me siento cuando hablamos o estamos un rato juntos es más que suficiente para saber que es para mí, que no la cambiaba por nada ni nadie. Simplemente es perfecta.

Pero como digo, no todo es tan bueno. En ocasiones tengo la extraña sensación de estar perdiéndola, de estar perdiendo algo que ni siquiera es mío, y no puedo soportarlo. Le doy importancia a un detalle que no la tiene, a una palabra que ha dicho o a algo que ha dejado de hacer, y es realmente frustrante ver como pasa el tiempo mientras sufro la impotencia de tener que esperar a que dé señales de vida para saber si han sido cosas mías o realmente algo va mal. A veces acierto, otras no, pero parece mentira que conociéndola tan poco me afecten tanto estas cosas. 

Una noche, sentado en esta misma silla, en esta misma mesa, vi una entrevista a Emilio Duró dónde decía que cuando realmente quieres algo lo acabas consiguiendo. Sólo espero que sea cierto.

Sete The Last

sábado, 19 de febrero de 2011

Reflexiones IV

Soy masoquista. Igual he sido demasiado directo, pero está completamente confirmado. Voy de optimista por la vida, siempre con una sonrisa que haga pensar que todo va bien aunque no sea así, siempre acabando las frases del Messenger con un “xD” para evitar cualquier parecido con la seriedad, y siempre buscando el lado bueno de los problemas aunque a veces no lo tenga. Sin embargo, tengo que decir es todo fachada.

Esta última semana ha sido rara. Se me ha hecho larga pero los días se han pasado volando, he tenido tiempo para todo y para nada, he sufrido bajones y subidones, y lo más importante, he descubierto que me gusta pasarlo mal. Puede que suene raro decirlo, pero es así. No paro de quejarme por lo que me falta en lugar de valorar lo que ya tengo, y así no se puede ser feliz.

Me quejo de no tener una persona a mi lado a la que sepa que le importo con sólo mirarle a los ojos y ver cómo me mira, cuando sé que hay amigos que se preocupan por cada tontería que me hace comerme la cabeza, amigos que haga lo que haga siempre han estado, están y estarán ahí para escuchar mis monólogos sin sentido y darme su opinión, aunque acabe haciendo todo lo contrario.

Me quejo también de no encontrar una persona que busque algo más, aunque sepa que estoy en la mejor edad para estar soltero y dentro de unos años me echaría en cara no haberlo aprovechado. Además, por el camino me estoy cruzando con unas chicas maravillosas cuando te tomas la molestia de conocerlas un poco, chicas que hacen que merezca la pena seguir probando hasta que encuentre a la que me obligue a dejar de buscar.

Me quejo de pasar las tardes de los sábados sólo, pero esas tardes son el mejor momento para centrarme en terminar todo lo que he ido dejando pendiente a lo largo de la semana, soltar a mi creatividad para que escriba sin límites ni censura, o simplemente relajarme. Y si por un casual no tengo nada que hacer y me da por imaginar lo bien que estaría en ese mismo momento rodeando con mis brazos a esa chica, sé que sólo tengo que marcar un número para cambiar de mentalidad y ver la vida de otro color.

Por último, me quejo de soñar con personas con las que sé que no pasará nada, con momentos que no llegarán nunca y que me dejan con mal cuerpo cuando me despierto, pero no me doy cuenta de la suerte que tengo de llevar esa doble vida. No todo el mundo puede ser soltero y tener pareja al mismo tiempo, o estar con ella sólo con cerrar los ojos y dejarlo al pellizcarse para volver al mundo real.

No sé, al final parece que no era tan fachada eso de ser optimista…

Sete The Last

sábado, 12 de febrero de 2011

Toc, toc, ¿hay alguien ahí?

Lo he vuelto a sentir. Hace casi 2 meses que lo hice por última vez y hoy me ha vuelto a pasar. Lo odio. ¿Que qué es? No lo sé, pero tengo la sensación de que soy una batidora en la que alguien ha echado un poco de todo. Podría llenar páginas enteras con lo que se me pasa por la cabeza ahora mismo, pero intentaré resumirlo en pocas palabras: impotencia, desilusión, soledad, nostalgia, melancolía. Una sensación de ahogo que, aún así, no me impide dibujar una sonrisa para todo el que me cruce, ya sea en la calle o en el pasillo de mi casa.

Hoy iba a ser un buen día, de verdad. He dormido 12 horas después de haber empalmado el jueves con el viernes, me he levantado con una sonrisa a pesar de una extraña sensación de haber soñado algo que debería recordar (sigo sin saber qué), y he encendido el portátil para ver qué me esperaba en este segundo sábado de febrero. Hasta aquí todo bien, pero el tiempo me ha devuelto a la cruda realidad. Sigue habiendo una persona con la que quiero volver a hablar, sigue faltando un lobo al que empiezo a echar de menos, sigue estando esa chica a la que no puedo odiar, y sigo pasando las tardes de sábado, ésas que se pasan en pareja, solo. Esto último no es que importe excesivamente, pero hay cosas que sólo se sienten cuando tienes a alguien a tu lado, cosas que en días como el de hoy no me vendrían mal.

En realidad no hay nada concreto que haga que hoy sea uno de esos días que quiero que acaben pronto, es más bien una sucesión de cosas que me han ido minando la moral hasta que he mirado el reloj deseando que fuera hora de irse a dormir. Para empezar, la impotencia de tener que esperar algo que dudas que vaya pasar, querer dar un paso cuando sabes que no deberías y obligarte a pensar en otras cosas para no acabar haciéndolo. A eso le ha seguido una desilusión al comprobar que hay cosas que, por mucho que quieras que pasen, es difícil que tengan futuro. Por eso te entra nostalgia al recordar otra época de tu vida en la que todo era mucho más fácil porque siempre había alguien en quien podías apoyarte, alguien que te cogía de la mano mientras te miraba a los ojos y te decía que te quería. Para callar esa melancolía sólo hay una solución: desahogarse con alguien que te escuche. Problema: es sábado por la tarde. Las pocas personas que me vienen a la cabeza están, supongo, con sus respectivas parejas, lo que hace que me sienta aún más solo. Para terminar, esa soledad conlleva una melancolía que sólo termina con una buena noticia o con una noche de reconfortante sueño. Como lo primero dudo que pase, no me queda otra que mirar el reloj 240 veces antes de irme a dormir, más o menos una por minuto. Quién sabe, tal vez mañana me despierte recordando ese sueño que me tiene tan intrigado y al final esto sólo haya sido una pequeña pesadilla.

Sete The Last

miércoles, 2 de febrero de 2011

La soledad comienza

Llevo ya bastantes días queriendo escribir algo, quizá demasiados. Temas no me faltan, siempre hay ideas tontas que pasean por mi cabeza esperando el momento de salir, revoloteando de un lugar a otro intentando que no las olvide. Tampoco necesito ganas, escribir me desahoga en cierto modo, y eso es justo lo que necesito estos días: sacarlo todo. Lo único que busco es tiempo, tiempo que no tengo, tiempo que pierdo sin darme cuenta, tiempo que podría robarle al sueño, tiempo que pido a gritos, simplemente tiempo.

Dos días quedan para que pueda tener un poco de eso, pero es una espera que no sé si podría aguantar. De hecho, no. Si estoy escribiendo ahora está claro que no he podido. Lo más curioso es que este tiempo lo he sacado mientras leía una historia que, al mismo tiempo que me ha hecho pensar sobre mi nivel como... ¿escritor?, me ha recordado partes de mi pasado más o menos reciente que a su vez me han recordado una canción de Xhelazz, "La soledad comienza". No, no estoy triste. No ha sido un buen día pero no lo estoy. Tampoco me siento solo, la verdad. Sólamente es que Xhelazz sabe lanzar frases que, quieras o no, se te quedan grabadas y salen cuando más las necesitas o cuando menos te lo esperas.

Una de esas frases acabaría con los problemas de más de uno: "No funcionéis como un aeropuerto, qué va, que tu vida no dependa de si alguien llega o se va", porque ¿quién no ha pasado una mala temporada por depender demasiado de otra persona? Sin embargo, seguimos cediendo partes de nosotros a los demás, partes que quizás nunca recuperemos. Confiamos en personas en las que sabemos que no podemos hacerlo, y nos vuelven a fallar; contamos todos nuestros secretos a gente que luego nos ocultan los suyos y reímos con amigos que acabarán haciéndonos llorar, pero aún así no aprendemos.

Algunas de esas personas llegan a causarnos una dependencia demasiado fuerte, algo que nos ata a ellas obligándonos muchas veces a hacer auténticas locuras que no haríamos por nadie más. Pero eso que nos hace desvariar es lo mismo que nos da pequeñas dosis de felicidad. Una mirada, un roce, un beso, pequeños detalles que hacen que se nos pare el tiempo. Para esto Xhelazz también tiene algo que decir: "Tener pareja no me fascina, el primer beso es mágico, el segundo íntimo, el tercero rutina". Aunque suelo estar de acuerdo con la mayoría de lo que dice, esta vez no puedo. Vale que sólo los primeros besos sean mágicos, eso depende de cada uno, pero nunca hay que dejar que cada beso se convierta en una rutina porque perderían su razón de ser. Tienen el poder de hablar en silencio, de dar los buenos días o decir un "Te quiero", de perdonar y olvidar, de agradecer y grabar un momento para la eternidad, de... En fin, ya me entendeis. No podemos dejar que pierdan ese poder.

Pero no todo es tan bonito. Las cosas no siempre salen bien y no nos queda otra que intentar olvidar, pasar página dejando atrás los recuerdos. Xhelazz, una vez más, tiene una mala noticia para todos nosotros: "Todavía duelen los romances que ya son historia, ningún amor muere, sólo cambia de lugar en la memoria". Por tanto lo que hay que intentar no es olvidar, sino asumir. Las relaciones no siempre funcionan, y eso sólo significa que hay que seguir buscando. Aunque nos cueste admitirlo, y a veces el destino nos da la razón, lo mejor no es buscar explicaciones y seguir pensando que ése era nuestro tren, porque por nuestra estación todavía quedan muchos por pasar y alguno de ellos puede ser el definitivo. No sería nada bonito perderlo por seguir pensando en el anterior, acabarías sin subirte a ninguno...

Yo tengo suerte, o por lo menos eso creo. Pocas veces me han fallado, y cuando lo han hecho he intentado no recaer. Menos veces todavía he confiado en gente que luego no se ha fiado de mí, y si me ocultan algo sé que no lo hacen con mala intención y me acabaré enterando. Tampoco suelo llorar, al contrario, me paso el día buscando excusas para reír. Intento que ningún beso caiga en la rutina, aunque no siempre puedan ser mágicos. Los que lo son, todos y cada uno de ellos, los tengo guardados en mi memoria, en un cajón cerrado con llave para que no se pierdan nunca. A mis 19 años sigo sin saber qué es el amor. Como dije hace años en mi primera canción, "Va por ella", tampoco sé si lo sabré algún día, pero he querido y quiero a muchas personas. Y para terminar, al no conocer eso que algunos llaman amor, tampoco he pasado meses intentando olvidar a alguien, aunque sí reconozco que algunas me lo han puesto realmente dificil.

En conclusión, que no sé cómo he acabado aquí pero 6 parrafos después debo decir que no es de esto de lo que quería hablar. Lo siento por todos aquellos que habéis leído algo que no era mi intención escribir, tendré que volver a empezar la semana que viene...

Sete The Last

miércoles, 26 de enero de 2011

Abandonar o morir en el intento. Vol I

Hace unos 5 meses recuerdo que hubo una época en la que solía jugar al ajedrez con nada menos que el campeón de Castilla y León. Los dos sabíamos que esas partidas podían durar sólo un par de movimientos, pero la verdad es que acababan siendo relativamente largas. Creo que pocas veces llegué a hacerle cambiar de estrategia pero lo que importaba es que iba cogiendo experiencia y capacidad de defenderme, o eso espero. Una de esas partidas se me quedó grabada.

Normalmente, aunque sabía que con sólo mover una pieza era capaz de dejarme en jaque mate, mi adversario se centraba en ir acabando poco a poco con todos los caballos, alfiles, torres y peones de mi color, pero yo seguía intentando defenderme en una batalla que tenía perdida casi desde que empezó. En esta partida recuerdo que le pregunté por qué lo hacía, por qué no acababa ya para empezar otra de cero. Su respuesta fue lo que me llamó la atención: "Porque quiero que aprendas a abandonar". Por supuesto, le dije que eso nunca pasaría, que yo siempre aguantaba hasta el final a pesar de las consecuencias: El jaque mate solía llegaba con el rey huyendo por cualquier hueco y unos cuantos peones desperdigados sin saber qué hacer.

Hoy me estaba costando dormir y me he acordado de esa partida. Lo cierto es que es paradójico que para unas cosas abandone a las primeras de cambio y para otras aguante hasta el final. Eso me ha hecho replantearme mi actitud en la vida, pero no es el momento de contaros esta parte de la historia. Sin embargo sí que puedo hablaros sobre una duda que me ha surgido y que, aunque no me tiene muy preocupado, sí me ha hecho reflexionar. Desde que tengo memoria he tenido mis preferencias en cuanto a qué estudiar: derecho, economía o informática. En la ESO hice la rama tecnológica para meterme en algo relacionado con la informática, pero en Bachillerato me lo pensé mejor y me cambié a las Ciencias Sociales, pensando sobre todo en estudiar algo de economía aunque sin olvidarme del derecho. Al final he acabado en una carrera de informática. Con esto podría llenar un par de párrafos sobre las vueltas que da la vida, pero volveré al tema en cuestión.

No sé por qué pero tengo la sensación de que acabaré montando mi propia empresa de informática. Mezclar economía e informática con un poquito de derecho, ¿por qué no? De hecho el proyecto de 2 años del que hablaba en la entrada anterior está relacionada íntimamente con eso. Y como todo en esta vida, que salga bien o mal depende de la suerte y de un poco de planificación. Pero, ¿qué pasaría si saliera mal, si un día sin saber por qué me metiera en algo grande sin estar preparado, como en esa partida de ajedrez? Sólo espero que el final no sea el mismo y, por una vez, el peón derroque al rey.

Sete The Last

viernes, 21 de enero de 2011

Esa virtud o monstruosidad llamada Polivalencia

Con el paso del tiempo el drama que suponía la distancia ha ido desapareciendo, conectando lugares separados por unos pocos cientos de kilómetros en pocas horas cuando hace prácticamente nada se tardaba días. En los primeros viajes esas horas son aprovechadas para hablar, pensar o simplemente descansar, pero según vas cayendo en la rutina pasas a hacer cosas más productivas como leer, estudiar o trabajar. Ayer hice uno de esos viajes con la intención de dedicar las casi 4 horas que dura (ida y vuelta) a terminar unas canciones que llevo teniendo pendientes demasiado tiempo o, si no estaba creativo, estudiar. Pero las intenciones muchas veces se quedan en eso, en mi caso porque me vino a la cabeza una buena historia con la que aventurarme (otra vez) a escribir un libro. Ahora, con casi 3 capítulos escritos y toda la historia en el aire, me he parado a pensar en si seré capaz de escribir algún día la palabra "Fin" a este proyecto. Parece una pregunta tonta pero teniendo en cuenta mis antecedentes es, cuanto menos, preocupante.

La idea de escribir un libro no es nueva, de hecho tengo alguno más empezado, pero nunca he acabado uno. Es más, a lo largo de mi vida me he embarcado en muchos proyectos y hasta ahora no he podido presumir de ninguno. Musicalmente tengo escrita una maqueta, pero 3 años después sigo sin tenerla grabada. Empecé el guión de una película de terror que no acabé y me propuse escribir otro de un par de juegos, pero me llevaría demasiado tiempo o dinero programarlos. También he diseñado alguna pagina web, pero he llegado a la conclusión de que ninguna de ellas tendría mucho éxito. He abierto algún que otro blog que o he abandonado o estoy muy cerca de hacerlo. Una vez, hace ya años, descubrí una fórmula matemática de la que nunca he hablado porque realmente no tendría mucha utilidad. ¡Hasta he dibujado planos de unas empresas que nunca fundaré! Y esa es sólo una pequeña parte de la multitud de ideas que tengo archivadas, ideas que me han robado mucho tiempo para nada. He pasado noches enteras dedicando todos mis esfuerzos a sacar adelante bocetos que por una razón u otra se han quedado en eso, y sinceramente es muy triste.

Espero no pecar de engreído al considerarme polivalente, pero me he metido en tantos asuntos diferentes que he llegado a pensar que lo soy, por lo menos en el terreno creativo, y ahora no tengo muy claro si eso es bueno o malo. Nunca he sabido que responder a la eterna pregunta: ¿Es mejor saber mucho de poco o poco de mucho? Pero lo cierto es que no centrarme en algo en concreto está haciendo que haga mucho y en realidad nada.

Volviendo al origen de todo esto, entre exámenes, la maqueta y un proyecto interesante en el que llevo un tiempo trabajando (y que espero terminar en un par de años) tendré este libro bastante abandonado. Tiene toda la pinta de ser otra de esas ideas que acabo guardando en un rincón esperando retomarlas algún día, así que tengo un dilema entre asumir que no lo acabaré nunca y dejarlo ahora que no es demasiado tarde o darle una oportunidad e intentar que no caiga en el olvido escribiendo poco a poco cuando tenga tiempo libre, obviamente arriesgándome a que acabe cansándome o a que resulte ser un tocho infumable, es decir, una pérdida de tiempo. Sé que me va a costar decidirme así que no me vendría mal una ayuda. ¿Tú qué harías?

Sete The Last

lunes, 17 de enero de 2011

Me presento

Después de la publicación de 3 entradas seguidas (todas ellas publicadas en su día en el blog de mi perfil en Tuenti) creo que va siendo hora de presentarme. Soy Sete, también conocido como Luisda, y entre otras cosas dedico mi tiempo libre a escribir letras sobre cualquier tema que me pase por la cabeza para rapearlas como Sete The Last. Pero el Rap no es sólo rima, también implica expresar lo que sientes cuando ni la cabeza ni el corazón tienen fuerzas suficientes para buscar dos palabras que puedan quedar bien al final de la línea. En esos momentos sólo puedes escribir sin pensar, soltarlo todo para que no te pudra por dentro. Y para esos momentos, que últimamente estaban siendo demasiados, hago esto. No pretendo que os guste ni que os deje de gustar, sólo dejo aquí mis reflexiones por si algún día, por caprichos del destino, las pudierais necesitar. Dicho queda, ha sido un placer conocernos.

Sete The Last

domingo, 16 de enero de 2011

Reflexiones III (16-01-2011)


No preguntes por qué pero hoy me he parado a pensar en las vueltas que ha dado mi vida en 2010. Siempre me han dicho que lo mejor para encontrar a la chica perfecta es simplemente esperarla, y sabía que era cierto pero estaba demasiado impaciente por dar con ella así que me obcecaba buscándola. Me pasé más de medio año probando con una, con otra y con otra, pero nada, ninguna tenía algo que las hiciera especiales. Y cuando ya me resignaba a acabar el año igual que todos los anteriores pasó: encontré ese algo. Hoy sigo sin saber explicar qué fue ni cómo supe que lo había encontrado, sólo sabía que ella lo tenía.
Siempre que conocemos a una chica que nos gusta mucho, o por lo menos eso me pasaba a mí, hablamos de ella como si fuera la chica definitiva. Desgraciadamente en mi caso era normal oir un "esta sí, esta es para mí" seguido de un "sé que lo he dicho con todas pero ahora es diferente, sé que es la definitiva". Nunca lo era xD
Sin embargo hubo algo que me llamó mucho la atención esta vez. Cuando le estaba hablando de ella a un amigo y le dije las 2 frases de antes, me contestó con un "Lo sé, con ella te pasa algo que no te pasa con las demás". Sigo sin saber a qué se refería, pero el caso es que él también la veía diferente. Lamentablemente pasaron cosas que cambiaron mucho la historia, cosas que me obligaban en cierto modo a censurarme cuando hablaba con ella, y estando así las cosas perdió eso que la hacía tan especial.
Ahí descubrí que ese algo del que hablaba no es sólo algo que me gustara de ella, sino algo que me gustaba de mí cuando estaba con ella (física o virtualmente).
Es paradójico que eso que cuesta tanto encontrar se pueda perder en tan poco tiempo, pero así fue. Y sorpresas de la vida, como no lo había encontrado nunca en 18 años resultó que en 2 meses lo iba a encontrar 2 veces.
Sí, sólo 2 semanas después me di cuenta de que esa chica que por alguna extraña razón llevaba queriendo conocer desde hace casi 3 meses también tenía ese algo, y fue lo peor que pude descubrir. Sabía muy poco de ella, pero según iba pasando el tiempo, según la iba conociendo un poco más, crecía la seguridad que tenía en que ella era especial y con ella sí podía funcionar. Pero no, y esta vez me dolió.
Con la primera chica tuve la suerte de que fue todo relativamente rápido y no tuve tiempo de "ilusionarme" con que pudiera haber algo serio, pero con la última sí. Para nada le estoy echando la culpa a ella, pero por una vez ví futuro en algo que ni siquiera existía, y me gustaba verlo. Sin embargo, ni tenía futuro ni tenía algo que la hiciera especial. Lo perdió en el mismo momento en que me di cuenta de que me mintió, con mejor o peor intención, pero me mintió.
Y así acabé el año, cansado de buscar un algo que nunca encontraba y que cuando lo hacía me daba más pena que gloria, recordando un beso que quizás no debería haber dado nunca, pensando en un sábado que quizás hubiera sido mejor quedarme en casa, y prometiéndome a mi mismo que este año no me complicaría la vida. Me he quedado ya sin armas para luchar en causas perdidas: lo que tenga que pasar pasará y lo que no, no.
Sete The Last

Reflexiones II (15-12-2010)


Nos pasamos media vida recordando el pasado y la otra media imaginando el futuro pero nunca nos paramos a pensar en el presente, en lo que queremos hacer ahora. Continuamente nos ponemos excusas para no dejarnos llevar en los momentos importantes, para seguir un guión que haga que todo sea perfecto y estemos orgullosos de ello. Dejamos atrás la improvisación, la chispa, por miedo a que todo salga mal y nos llevemos una decepción. Sin embargo los mejores recuerdos que tengo no estaban para nada preparados, y eso es precisamente lo que los hizo perfectos, la causa de que se me escape una sonrisa al volver atrás en el tiempo. Tienen un algo, la magia del momento, el no saber qué vas a decir, qué pasará ni como vas a reaccionar, que los hace especiales.
Retar al destino y hacer lo que realmente quieres, lo que sientes pero no te atreves a llevar a cabo, a veces hace que todo se vaya al garete y te culpes por no haber esperado, por no haber seguido los pasos que te marcaste. Otras veces, en cambio, hace que todo sea simplemente espectacular, un sueño que no acaba y del que no quieres despertar.
A todos nos gustan las películas y a todos nos gustaría ser los protagonistas de una, de hecho lo somos. Cada día rodamos una escena en la que todo puede cambiar, cada decisión que tomamos es crucial aunque no lo sepamos. Sin embargo todo se reduce a la eterna pregunta: ¿debería dejarme llevar ahora? Dame sólo una razón para no hacerlo, para no hacer justo lo que estoy pensando.
Sete The Last

Reflexiones (09-12-2010)


A veces el silencio es la mejor música y la conciencia sólo un molesto susurro.
A veces queremos hacer cosas que la razón no nos deja, pero a pesar de todo lo hacemos y luego nos preguntamos por qué, por qué no hicimos caso a esa vocecilla que nos decía que no.
A veces realmente queremos decir algo pero las palabras se nos vuelven en contra y se resisten a salir. Dejamos pasar el tiempo hasta que ya no tiene sentido hablar y luego nos preguntamos por qué, por qué no lo hicimos cuando todavía podíamos.
Las cosas cambian, hay que actuar rápido. Seguir nuestros instintos puede salvarnos, pero no olvidemos las veces que nos ha condenado.
Aun así lo peor que podemos hacer es pensar en ello. Debemos pasar página, aprender de los errores, aunque al final la historia siempre vuelva a repetirse. Pero hoy no.
A veces, y sólo a veces, lo mejor es escuchar el silencio. Deja la mente en blanco. No importa lo que hayas hecho o dejado de hacer, sólo importa el momento. Mañana todo será diferente, así que hazlo: escucha lo que te rodea, escucha el silencio.
Sete The Last