jueves, 17 de noviembre de 2011

17/11/2011 - Parte 1/2

No soy muy dado a hablar sobre mi vida. Creo que todos tenemos una historia que contar y para nosotros siempre será única, especial, incomparable a cualquiera de las que nos cuenten los demás: el primer beso, la primera entrevista de trabajo, el primer amor, el primer coche, la primera pelea contra el matón del barrio, ... Son momentos que se quedan grabados a fuego en toda esa maraña de neuronas que pulula por nuestra cabeza. Momentos como el que he vivido esta mañana.

Desde el primer instante sabía que no las tenía todas conmigo. No es normal llamar amiga a una persona que lo es todo para ti. O sí, no sé. Dicen que las parejas son en realidad relaciones de amigos con derecho a roce: sin amistad no hay pareja y sin roce... bueno, sin roce hay algunos que pueden sobrevivir. El caso es que ella era algo más que una simple amiga. Bueno, realmente no sé qué era para mí. ¿Quién no ha sufrido esas largas noches de discusión mental entre arriesgar el todo por el todo o conformarse con poder seguir hablando con ella? Sinceramente, yo no quería ser otro más de la larga lista de personas que en su lecho de muerte se arrepiente de no haber tenido el valor de lanzarse cuando tuvo la oportunidad.

Esa tarde, aprovechando que era martes y 13 y la suerte me acompañaba, le propuse ir a ver "Noche de miedo" a mi casa. Sabía que odiaba las películas de miedo, pero también había comprobado que en el fondo le gustaba esconderse entre mis brazos cada vez que se avecinaba una escena sangrienta.

Y allí estábamos, sentados en mi sofá, robándonos palomitas el uno al otro y prometiéndonos que sería la última vez que le llevaría a ver una peli de esas. "La próxima tiene que ser una de Crepúsculo, ¡me lo merezco!", exigía mientras yo me reía y le tiraba palomitas apuntando directamente a su ojo derecho, el de la raya verde en el borde inferior de su iris. La verdad es que estaba preciosa. Siempre me habían gustado los tirabuzones en el pelo de una mujer, pero tenía que reconocer que a ella le quedaban especialmente bien. Además, su larga melena morena se fundía a la perfección con su camiseta negra, que al tener un hombro descubierto le permitía lucir la clave de sol que tenía tatuada en él.

Cuando quise darme cuenta ya estábamos en mitad de la película. Como era costumbre, ella ya llevaba un rato apretando mi mano con fuerza y, ahora que empezaba la caza de vampiros, no tardaría mucho en pedirme que apagara la tele para poder dormir esa noche. Por una vez quise rebelarme contra la rutina. Mientras Charlie, el protagonista, veía cómo una mujer moría a manos de su vecino, ella ya tenía su cabeza en mi pecho, intentando mirar a través de los dedos de mis manos mientras me suplicaba que no le dejara hacerlo. Le hice caso, de verdad que lo hice, hasta que la peli estaba a punto de acabar y cometí el error de apartar mis manos en el mismo momento en el que el vampiro se intentaba cargar a Charlie. Ese momento, ese en concreto, es uno de los que se grabaron a fuego en mi memoria.

No pude evitar soltar una carcajada ante el grito que pegó al ver esa escena. Ninguno de vosotros podría haberlo evitado. Empezó a darme golpes en el pecho mientras yo seguía riéndome al mismo tiempo que intentaba esquivar sus guantazos. Creédme, era difícil acertar a hacer ambas cosas a la vez. Cuando por fin se cansó de pegarme empezó a mirarme fijamente, como esperando a que le pidiera perdón. Agaché un instante la cabeza y acerqué mi cara hacia ella para decírselo al oído pero, en lugar de eso, ¿sabéis lo que hice? Nada, absolutamente nada. Me quedé a medio camino entre su cara y su oído, y en dicha situación no tuve más remedio que dejarme llevar por mis instintos más primarios y besarla. Un escalofrío recorrió mi cuerpo de arriba a abajo mientras nuestros labios se tocaban. La rodee con mis brazos para acercarla más a mí. Ella no opuso mucha resistencia, de hecho parecía que lo estuviera deseando tanto o más que yo, hasta que, sin ningún motivo aparente, despegó sus labios de los míos, clavó sus ojos en mí y me dijo que tenía que irse sin darme tiempo siquiera a, ahora sí, pedir perdón.

Pocas veces he contado lo que pasó ese día, de hecho diría que hasta ahora sólo lo sabían 2 o 3 amigos que coincidieron en decirme que fue mala suerte, que en los cuentos no siempre hay un final feliz. En cambio yo me negaba a creer que todo fuera a volver a la normalidad, que fingiríamos que ese día no pasó nada y seguiríamos siendo amigos. Me negaba a creerlo básicamente porque no habíamos vuelto a hablar desde entonces. O por lo menos me negaba hasta esta mañana.

Sete The Last

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El impacto de una gota de agua en su frente le hizo despertarse sobresaltado. Estaba tirado en medio de una habitación oscura donde la única luz que entraba era la que se colaba por los bajos de la puerta que daba a la salida. Tras unos instantes de confusión se percató de que algo le impedía mover sus piernas. La ansiedad se apoderó de él y empezó a agitarse intentando desprenderse de aquello que le mantenía preso mientras gritaba despavorido. De pronto, la puerta se abrió.
- ¡Vaya! Ya te has despertado. Pensaba que esta noche sería tranquila...

Era un hombre alto y fuerte, sin ningún pelo a la vista salvo el de sus cejas y con una ajustada camiseta negra que reforzaba el miedo a ser golpeado por sus desproporcionados brazos. La masa muscular que se escondía tras ella llegaba a ser antiestética pero no parecía importarle a juzgar por la sonrisa enigmática que se dibujaba en su cara.
- ¿Sabes por qué estás aquí? - preguntó mientras se acercaba lentamente, marcando los pasos con sus impecables botas militares.
- ¿Quién eres? - acertó a decir balbuceando.
- No, la pregunta es quién eres tú.
Tras unos segundos de silencio se dirigió de nuevo hacia la puerta.
- No te preocupes, acabarás contándonos todo. Por las buenas, o por las malas - amenazó, acentuando las últimas palabras con un sonoro portazo.

La confusión era ahora más grande si podía. No sabía qué hacía allí pero las palabras de aquel matón indicaban que esa habitación no era el mejor lugar para pasar la noche. Intentaba recordar qué era lo último que había hecho pero un intenso dolor de cabeza le impedía pensar con claridad. Se llevó las manos a la cara para frotarse los ojos y entonces notó que tenía una pequeña brecha en el pómulo derecho. Seguía intentando hacer memoria para descubrir qué había pasado cuando la puerta volvió a abrirse. Esta vez entró por ella una mujer pelirroja totalmente vestida de negro que portaba en sus manos una bandeja con un poco de comida y un vaso de agua.
- No te comas todo ahora, deja algo para mañana si no quieres morir de hambre - le aconsejo mientras dejaba la bandeja en el suelo.
- ¿Qué hago aquí? ¿Por qué me tenéis encadenado? - preguntó tratando de encontrar respuestas. Pero no era su día de suerte.
- ¡Calla! Sabías lo que pasaría si volvías por aquí. Es tu vida o la mía.
Se acercó a él para darle un beso en la mejilla pero paró en seco al ver la herida de su pómulo. 
- Lo siento - le susurró al oído. Después de volver a mirar la brecha de su rostro se dio la vuelta encerrándole de nuevo en la más completa oscuridad.

Cada vez entendía menos de esta historia. La cara de esa chica no le sonaba en absoluto y sin embargo ella parecía conocerle bien. Pensar no le servía de nada, sólo aumentaba su dolor de cabeza. Finalmente el sueño le venció sin que hubiera llegado a probar bocado.

Una bofetada le hizo despertar bruscamente mientras alguien se reía a lo lejos. Ya no se encontraba en aquella habitación oscura, ahora estaba rodeado de focos que le apuntaban directamente a la cara, cegándole completamente. Sin embargo, al lado de uno de ellos pudo identificar al calvo que le amenazó el día anterior. Si ese matón le daba miedo, el hombre que tenía delante y que le había propinado la bofetada no era menos.
- ¿Ya se ha despertado la princesita? - le preguntó en tono burlesco. - No hemos dormido en toda la noche para poder prepararte el desayuno. ¿Quieres una tortita? - siguió ironizando para después propinarle una segunda bofetada, ésta aún más fuerte que la primera. - Ha llegado tu hora. Más te vale portarte bien porque hoy no tengo un buen día.

Sete The Last