miércoles, 2 de noviembre de 2011

El impacto de una gota de agua en su frente le hizo despertarse sobresaltado. Estaba tirado en medio de una habitación oscura donde la única luz que entraba era la que se colaba por los bajos de la puerta que daba a la salida. Tras unos instantes de confusión se percató de que algo le impedía mover sus piernas. La ansiedad se apoderó de él y empezó a agitarse intentando desprenderse de aquello que le mantenía preso mientras gritaba despavorido. De pronto, la puerta se abrió.
- ¡Vaya! Ya te has despertado. Pensaba que esta noche sería tranquila...

Era un hombre alto y fuerte, sin ningún pelo a la vista salvo el de sus cejas y con una ajustada camiseta negra que reforzaba el miedo a ser golpeado por sus desproporcionados brazos. La masa muscular que se escondía tras ella llegaba a ser antiestética pero no parecía importarle a juzgar por la sonrisa enigmática que se dibujaba en su cara.
- ¿Sabes por qué estás aquí? - preguntó mientras se acercaba lentamente, marcando los pasos con sus impecables botas militares.
- ¿Quién eres? - acertó a decir balbuceando.
- No, la pregunta es quién eres tú.
Tras unos segundos de silencio se dirigió de nuevo hacia la puerta.
- No te preocupes, acabarás contándonos todo. Por las buenas, o por las malas - amenazó, acentuando las últimas palabras con un sonoro portazo.

La confusión era ahora más grande si podía. No sabía qué hacía allí pero las palabras de aquel matón indicaban que esa habitación no era el mejor lugar para pasar la noche. Intentaba recordar qué era lo último que había hecho pero un intenso dolor de cabeza le impedía pensar con claridad. Se llevó las manos a la cara para frotarse los ojos y entonces notó que tenía una pequeña brecha en el pómulo derecho. Seguía intentando hacer memoria para descubrir qué había pasado cuando la puerta volvió a abrirse. Esta vez entró por ella una mujer pelirroja totalmente vestida de negro que portaba en sus manos una bandeja con un poco de comida y un vaso de agua.
- No te comas todo ahora, deja algo para mañana si no quieres morir de hambre - le aconsejo mientras dejaba la bandeja en el suelo.
- ¿Qué hago aquí? ¿Por qué me tenéis encadenado? - preguntó tratando de encontrar respuestas. Pero no era su día de suerte.
- ¡Calla! Sabías lo que pasaría si volvías por aquí. Es tu vida o la mía.
Se acercó a él para darle un beso en la mejilla pero paró en seco al ver la herida de su pómulo. 
- Lo siento - le susurró al oído. Después de volver a mirar la brecha de su rostro se dio la vuelta encerrándole de nuevo en la más completa oscuridad.

Cada vez entendía menos de esta historia. La cara de esa chica no le sonaba en absoluto y sin embargo ella parecía conocerle bien. Pensar no le servía de nada, sólo aumentaba su dolor de cabeza. Finalmente el sueño le venció sin que hubiera llegado a probar bocado.

Una bofetada le hizo despertar bruscamente mientras alguien se reía a lo lejos. Ya no se encontraba en aquella habitación oscura, ahora estaba rodeado de focos que le apuntaban directamente a la cara, cegándole completamente. Sin embargo, al lado de uno de ellos pudo identificar al calvo que le amenazó el día anterior. Si ese matón le daba miedo, el hombre que tenía delante y que le había propinado la bofetada no era menos.
- ¿Ya se ha despertado la princesita? - le preguntó en tono burlesco. - No hemos dormido en toda la noche para poder prepararte el desayuno. ¿Quieres una tortita? - siguió ironizando para después propinarle una segunda bofetada, ésta aún más fuerte que la primera. - Ha llegado tu hora. Más te vale portarte bien porque hoy no tengo un buen día.

Sete The Last

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