domingo, 10 de julio de 2011

La isla. Introducción

Es paradójico que una persona sea capaz de escuchar el silencio. Tan paradójico como imposible, o eso pensaba él. Llevaba horas sentado en aquella playa que tanto añoraba intentando conseguirlo pero esa estúpida brisa no le dejaba. No quería que parara, le servía para desconectar y relajarse, justo lo que necesitaba. Todo sería más fácil sin esos recuerdos, todavía tenía pesadillas por su culpa, por esos gritos, esa gente saltando sin saber lo que se avecinaba, esas gotas cayendo desde el techo. Prometió que sería su último concierto sin imaginar que fuera a acabar así. Nunca debió haberse metido en ese mundo.

Resopla cansado de no hacer nada, de pensar en no pensar, de ver pasar el tiempo esperando que la muerte venga a buscarle. O tal vez ella, aunque para el caso le daba igual. Hay noches en que se despierta con su voz, escuchando su nombre a lo lejos para sentirse aún más solo de lo que está. ¿Que si ha pensado en el suicidio? No deja de hacerlo. Esa tortura hace que esté muriendo en vida, no tiene lágrimas ya para callar tanto dolor. ¿Cuántas noches se reía de ella entre cerveza y cerveza? Y sin embargo ahora el alcohol no puede eliminar ese sentimiento de culpabilidad. Si esa tarde no hubieran discutido nada de eso habría pasado, pero ya es tarde para cambiarlo.

Los últimos rayos de sol han desaparecido hace ya horas y el viento frío revuelve su rubia melena. Él no se inmuta, se limita a mirar al infinito pensando en Dios sabe qué, buscando respuestas a preguntas que no quiere hacerse. Un inesperado pitido hace que vuelva al mundo real. ¿Su móvil? Pero, ¿quién le iba a llamar ahora? ¿Quién iba a hacerlo alguna vez después de todo lo que pasó? Se levanta como puede tropezándose consigo mismo y empieza a correr como alma que lleva el diablo hacia su cabaña. Vacía la maleta encima de la cama buscando su Motorola plateado, que cae al suelo quedando semienterrado entre la arena. Al cogerlo mira fijamente la pantalla hasta que se apaga. Permanece inmóvil, aún con la mirada clavada en esa pantalla negra. De pronto rompe a llorar.

La agenda de su viejo e770 le había recordado que hoy era su cumpleaños, hoy esa morena de 1,70 hacía 28 años, hoy debían estar viajando rumbo a Nueva York para pasar dos semanas inolvidables, hoy estaba él solo en una isla apartada del mundo que le rodea sin saber qué hacer.

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