sábado, 12 de febrero de 2011

Toc, toc, ¿hay alguien ahí?

Lo he vuelto a sentir. Hace casi 2 meses que lo hice por última vez y hoy me ha vuelto a pasar. Lo odio. ¿Que qué es? No lo sé, pero tengo la sensación de que soy una batidora en la que alguien ha echado un poco de todo. Podría llenar páginas enteras con lo que se me pasa por la cabeza ahora mismo, pero intentaré resumirlo en pocas palabras: impotencia, desilusión, soledad, nostalgia, melancolía. Una sensación de ahogo que, aún así, no me impide dibujar una sonrisa para todo el que me cruce, ya sea en la calle o en el pasillo de mi casa.

Hoy iba a ser un buen día, de verdad. He dormido 12 horas después de haber empalmado el jueves con el viernes, me he levantado con una sonrisa a pesar de una extraña sensación de haber soñado algo que debería recordar (sigo sin saber qué), y he encendido el portátil para ver qué me esperaba en este segundo sábado de febrero. Hasta aquí todo bien, pero el tiempo me ha devuelto a la cruda realidad. Sigue habiendo una persona con la que quiero volver a hablar, sigue faltando un lobo al que empiezo a echar de menos, sigue estando esa chica a la que no puedo odiar, y sigo pasando las tardes de sábado, ésas que se pasan en pareja, solo. Esto último no es que importe excesivamente, pero hay cosas que sólo se sienten cuando tienes a alguien a tu lado, cosas que en días como el de hoy no me vendrían mal.

En realidad no hay nada concreto que haga que hoy sea uno de esos días que quiero que acaben pronto, es más bien una sucesión de cosas que me han ido minando la moral hasta que he mirado el reloj deseando que fuera hora de irse a dormir. Para empezar, la impotencia de tener que esperar algo que dudas que vaya pasar, querer dar un paso cuando sabes que no deberías y obligarte a pensar en otras cosas para no acabar haciéndolo. A eso le ha seguido una desilusión al comprobar que hay cosas que, por mucho que quieras que pasen, es difícil que tengan futuro. Por eso te entra nostalgia al recordar otra época de tu vida en la que todo era mucho más fácil porque siempre había alguien en quien podías apoyarte, alguien que te cogía de la mano mientras te miraba a los ojos y te decía que te quería. Para callar esa melancolía sólo hay una solución: desahogarse con alguien que te escuche. Problema: es sábado por la tarde. Las pocas personas que me vienen a la cabeza están, supongo, con sus respectivas parejas, lo que hace que me sienta aún más solo. Para terminar, esa soledad conlleva una melancolía que sólo termina con una buena noticia o con una noche de reconfortante sueño. Como lo primero dudo que pase, no me queda otra que mirar el reloj 240 veces antes de irme a dormir, más o menos una por minuto. Quién sabe, tal vez mañana me despierte recordando ese sueño que me tiene tan intrigado y al final esto sólo haya sido una pequeña pesadilla.

Sete The Last

No hay comentarios:

Publicar un comentario