lunes, 11 de mayo de 2015

Es difícil tomar una decisión cuando notas el quinto whisky en tu cabeza. No es que me nuble la vista, no me malinterpretéis, aún no conozco a un solo actor que pueda derrotarme en la lucha por mantener la sobriedad cuando la mierda te llega al cuello y te juegas todo ante una botella. Las reglas de juego son sencillas: el primero en caer se hace cargo de las deudas del contrincante. Podría decirse que estoy matando a mi hígado a cambio de unos días más de vida, o podría afirmar sin miedo a equivocarme que me alimento de las vidas de los demás. Al fin y al cabo su cita con la parca queda resuelta en cuanto se desmayan, ahogados en su propio ego con olor a Johnnie Walker. A este le falta poco ya, ante la atenta mirada del camarero que me reprocha en silencio un "lo has vuelto a hacer".

- Vamos Tony, pon otra ronda. Tenemos que acabar esto. - le repliqué.

- Esto está terminado ya, ¿no ves cómo se tambalea? Llévale a casa, ya le pedirás perdón mañana...

Tony tenía la extraña manía de no querer servirme cuando hay vidas en juego. ¿Qué me importará a mí lo que le pase a este pobre desgraciado? Seguramente su mujer esté esperándole en casa con un rodillo en la mano y las maletas en la puerta. Le haría un favor evitándole el mal trago con la que lleva encima.

- Will, llévale a casa. - sentenció sin darme opción a oponerme. Otra noche perdida entre taxis y prostitutas.

Oh, permitid que me presente. Soy Will Taylor, fabricante de relojes y actor de comedias burlescas. Típico escocés pelirrojo con más dinero en los bolsillos del que debiera, más fama entre los bajos fondos de la que me gustaría, y menos alcohol en vena del que puedo permitirme, así que ¿por qué no vamos a otro bar? Aún tengo una decisión que tomar.


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